ALFREDO LEUCO
Esa es la obsesión de Néstor Kirchner: matar al mensajero. Controlar los medios y la caja son los dogmas de hierro que lo acompañan desde que llegó al poder en Río Gallegos. En todo lo demás es pragmático.
Puede ser amigo, como ahora o enemigo como hace un rato del pejotismo. Puede ser un defensor de las Madres de Plaza de Mayo como ahora o haberlas ignorado como hizo mientras fue gobernador. Puede ser estatista como ahora o apoyar fervorosamente la privatización de YPF o del banco de Santa Cruz como hizo antes. Con tal de aferrarse al poder para siempre es capaz de tirar por la ventana sin que le tiemble la mano a personas de su íntima confianza: Sergio Acevedo y Alberto Fernández son apenas dos ejemplos.
Uno de los empresarios más acusados de ser favorecidos por los Kirchner o directamente de ser su cajero, en una charla off the record me preguntó: “¿Usted cree que Kirchner puede tener amigos?”.
Ante la respuesta negativa, retrucó: “¿ Y entonces como puede pensar que tenga un testaferro?”. Aludía a la mezquindad, criterio utilitario y desconfianza enfermiza con que se relaciona con los demás. Al final, cuando nos despedíamos el hombre de negocios presuntamente K, remató: “Kirchner es como los Estados Unidos: no tiene amigos, solo intereses. No tiene sentimientos y solo se excita con el poder y el dinero para seguir en el poder”.
Esto demuestra que Néstor Kirchner puede ir y venir, decir y desdecirse, puede ser blanco o negro, pero hay algo inalterable: su odio al periodismo. Su intolerancia con los editorialistas que opinan sobre su vida y obra como corresponde y con los cronistas de investigación que descubren lo que él encubre.
Alguna vez bromeó, pero no tanto, cuando unos fotógrafos entraron a registrar una reunión que estaba manteniendo: “Estos periodistas son los únicos que me gustan porque no hablan ni escriben” y despertó las risotadas forzadas de sus compañeros de mesa.
La chanza de mal gusto que pinta su verdadero sentimiento ignoraba que hay reporteros que con sus fotos dicen mucho mas que los que utilizamos la palabra escrita. Solo hay que recordar el caso Yabrán y el asesinato de José Luis Cabezas. A los Kirchner no se les conoce un solo gesto o medida a favor de la libertad de prensa.
Convirtieron Santa Cruz en un terreno inhóspito para el ejercicio independiente del periodismo. Hace unos días, en el Senado de la Nación se denunció este esquema de premios y castigos que los redujo a su mínima expresión. Durante su presidencia, Néstor Kirchner, primero en forma mas soterrada y luego mas explícita, diseñó el plan sistemático mas formidable y peligroso para controlar los medios de comunicación desde la reinstauración democrática en 1983.
Apeló a todos los mecanismos a su alcance. Mas allá del resultado que salga hoy del senado y por más que se trate de disfrazar de democratizador y antimonopólico, el objetivo de Néstor Kirchner es único: matar al mensajero.
2 comentarios:
Ya me aburre el uso y abuso de la frase "matar al mensajero", parece que aplica a cualquier especie de periodista, junta chimentos, esparce-rumores pago, lo que sea.
En definitiva, es como un paraguas demasiado grande, debajo del cual se justifica cualquiera. No sé que pensarán los periodistas, pero me parece que calificar su rol como una mensajería es medio pobre.
Algo que Kirchner siempre oculto y tuvo enorme suerte es el empresario asesinado de Conarpesa, la empresa pesquera de su provincia, cuando comenzaba a soñar con la presidencia. Recuerdo que TXT la revista del recordado Castelo fue el unico que publico unas lineas de ese crimen mafioso y vinculado con el poder. Ahoira que salto el crimen del empresario correntino nadie hace eco de esa historia.
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